Wilson Gómez Cure, un pedazo del Mediterráneo anclado en Bucaramanga - BGA Te Activa

La herencia del Líbano, un país de Oriente Medio bañado por el mar Mediterráneo, tiene su lugar en Bucaramanga. El sitio se llama Cure Cuisine y durante cinco años han procurado conservar una propuesta gastronómica diferente, que mezcle los sabores y esencia de la comida árabe.

Al mando está Wilson Gómez Cure, quien tomó entre sus manos lo que durante muchos años fue un emprendimiento casero de su mamá, Yamile Cure.

“Por mi mamá es el nombre del restaurante. Cure es el apellido nuestro, es un apellido libanés. Mis dos abuelos son libaneses, mi mamá es colombiana, nacida en Magangué, Bolívar, pero criada en Santander”, relata.

Por si no estás muy familiarizado con el Libano o si tal vez lo confundes con una población en Tolima del mismo nombre, te contextualizamos: este país es la cuna de la civilización fenicia, considerada de los primeros migrantes del mundo.

Es por eso que a lo largo de los últimos dos siglos, los libaneses han viajado por todo el mundo de tal manera, que actualmente en el propio país viven cuatro millones de personas y esparcidos por el mundo hay más de 20 millones.

A eso se le suma que el vecindario tampoco es muy seguro. Por un lado está Siria, sumido en una Guerra Civil de hace varias décadas y por el otro lado está Israel, con su propio conflicto con Palestina.

En una de esas olas migratorias llegaron los Cure a Colombia, por los años 30, aprovechando la bonanza cafetera.

Yamile, que llegó a Bucaramanga a estudiar y nunca más se fue, conservó las recetas de su familia libanesa pero al ver la acogida que tenían entre conocidos y amigos los kibbes, tahines y demás platos tradicionales, decidieron volverlo una oportunidad de negocio con mucho sabor.

Durante 30 años, cocinaban en casa para reuniones de amigos y de forma muy casera. En este punto, Wilson, el mayor de tres hermanos decide abrir su primer local.

La experiencia fue sorprendente. Cinco años atrás no había aún empezado el boom culinario del que hoy goza Bucaramanga y la comida libanesa era todo un descubrimiento.

“Fue jodido, hay que decirlo. Antes el bumangués no viajaba mucho, era muy cerrado en cuanto al turismo, entonces conocían la papa, la yuca, la carne y pare de contar. Pero entonces la gente comenzó a viajar y se abrió más”, cuenta de esos primeros meses.

Con un nuevo local, más grande, el nuevo impulso que busca darle esta familia a su negocio tiene que ver con la sostenibilidad.

Empezando con la comida, como es lógico, han desterrado de la cocina todo producto precocido o congelados al vacío. Aprovechando la riqueza de la comida libanesa, que vincula una gran gama de verduras, frutas y especias, han introducido toda una cadena de comida fresca.

El segundo paso busca darle una mano al medio ambiente. Usar productos biodegradables, platos de papel en los domicilios, pitillos también de papel y todo instrumento que sea biodegradable.

Wilson está convencido que la ciudad aún no tiene techo para lo que puede crecer, y se basa en el crecimiento que ha percibido en los últimos 10 años: “Crecimos enormemente y se volvió una ciudad multicultural, con gente de muchas partes del país, acá hay costeños, caleños, rolos, hay de todo. Antes eso no se veía aquí, éramos bumangueses y ya, ahora uno ve de todo”.

“Bucaramanga no es una plaza fácil, pero es una plaza divertida, esa es la deducción a la que llegué”, concluye, pero anota que “es una ciudad en la que el emprendimiento es más fácil porque todavía hay mucho por ofrecer, entonces hay muchas cosas para hacer. Falta es atreverse”.

Tres preguntas sobre la comida libanesa

¿Cómo definir la gastronomía del Líbano en una idea?

“Lo rico de la comida árabe es que es muy amplia. Mucha gente cree que es completamente vegetariana, pero están equivocados. Otra gente cree que está saturada en condimentos, especias y curry, cuando este ni siquiera se usa en la comida árabe, se usa en la hindú, por eso la gente cree que es muy fuerte y por tanto es pesada. En realidad la tradición en Líbano, que fue un protectorado francés, es tener una comida muy balanceada, sin productos saturados ni nada de eso”.

¿Está cambiando el gusto culinario en Bucaramanga?

Cuando abrimos el primer local de Cure Cuisine era un concepto mucho más ligero, mucho más take and go (tomar y llevar), mucho más de paso, pero ahora la gente está exigiendo mucho más el tema de la experiencia que en Bucaramanga aún es ausente. Entonces queríamos crear una experiencia mucho más árabe y mucho más mediterránea, que la gente viniera y conociera más de la cultura árabe. Vimos que la gente quería sentarse y tener la experiencia de estar en el Líbano”.

¿Qué tenemos de parecido o cercano a la cultura árabe?

“En la historia hay algo escondido que los santandereanos no saben y hace poco me enteré por un historiador: que dentro de la cultura santandereana hay un poco de cultura árabe por el uso del garbanzo, que no es un producto típico de acá. En la Segunda Guerra Mundial, en Zapatoca había una comunidad de alemanes fuerte y muchos trajeron judíos escondidos. Este es un dato que aún permanece muy escondido”.