El tapete de bienvenida a cada año que entra en Bucaramanga es un camino de flores en vivos amarillo, rosado y lila. Los árboles guayacanes que adornan las calles de la ciudad bonita, que en diciembre decoraron sus copas con estos colores, lentamente empiezan a dejarlas caer.

Existen desde hace años en casi todas las partes de la ciudad. De la Diagonal 15 hasta el Caballo de Bolívar, en Cabecera y en los distintos parques de la urbe.

Se cree que en Bucaramanga y su área metropolitana hay más de 500.000 de estos ejemplares, que suelen crecer en zonas cálidas en Latinoamérica, principalmente en México.

No es un espectáculo para encariñarse. En solo dos meses el árbol se ha llenado de color y a fines de enero, sus ramas terminan despojadas.

El Guayacán es como el bumangués: explosivo. Mientras otras especies tardan en florecer y una vez lo han hecho, pueden durar así varios meses, este árbol florece con la misma rapidez con la que deshoja.

Los caminos de guayacanes activan a Bucaramanga. ¿Y a ti qué te activa?